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Sábado de Gloria

19 de abril de 2014

Lecturas: Génesis 1:1-2:2 / Génesis 22:1-18 /  Éxodo 14:15–15:1 /  Isaías 54:5-14 /  Isaías 55:1-11 /  Baruc 3:9-15. 32—4,4 /  Ezequiel 36:17-28 /  Romanos 6:3-11 /  Salmo 117:1-2,16-17,22-23 /  Mateo 28, 1-10

 Con las siete lecturas del Antiguo Testamento y la lectura del Nuevo Testamento hemos realizado un recorrido por toda la Historia de la Salvación.

Desde que el mundo es mundo hay cosas que parece que no cambian nunca y eso es lo que dice Eclesiastés 1,9 “no hay nada nuevo bajo el sol”, también dice este libro de que le sirve al hombre tanto sufrimiento, si el hombre trabaja, se esfuerza, pero luego vuelve al polvo y otro disfrutará lo que hizo con tanto sacrificio.  Entonces ¿Cuándo el hombre es feliz? La historia del ser humano es una historia de fracasos, porque siempre los poderosos de alguna forma someten, destruyen, perturban o pisotean a los más pequeños. Si analizamos la historia de la humanidad hay constantemente un azote sobre el justo, sobre el bueno.

La historia bíblica nos dice que a la par de la historia de la humanidad hay otra historia, la HISTORIA DE LA SALVACIÓN que empezó en un hombre llamado Abraham, a partir de él nació un pueblo mediante el cual Dios quiere hacer que la historia de la humanidad, de fracasos, se convierta en una historia de salvación.

 La lectura del cruce del mar Rojo (Éxodo 14:15–15) es un relato muy interesante, muy bueno para releer en casa y analizar en cada detalle. Junto con Moisés iban unas 600 mil personas (ancianos, niños, enfermos, etc.) y se encuentran delante de ellos con nada más y nada menos que un mar. Y dice el relato “entonces el Señor le dijo a Moisés levantá la vara (simbolizado en el báculo que tienen los Obispos) y el mar se abrirá”. Sin embargo, esto no sucedió en un instante, sino que durante la noche el Señor envió un viento que empezó a correr las aguas. Este relato nos muestra cómo mientras dormimos el Señor está obrando y preparando los caminos para lo que tenemos que hacer mañana. Finalmente las aguas se abrieron y el pueblo de Israel pudo atravesar el mar, al ver esto los egipcios comenzaron a pasar también, pero cuando el último israelita terminó de pasar, las aguas se comenzaron a cerrar y en el medio de la mar quedaron atrapados los egipcios.

Este relato que paso hace miles de años, hoy nos dice a nosotros que como seres humanos tantas veces estamos rodeados y no tenemos para dónde ir, que tantas veces sentimos que no tenemos ninguna esperanza,  si levantamos nuestra mirada al Señor, Él tiene una historia de salvación para nosotros. En esta historia triste de la humanidad, el Señor ha entrado con su Historia de Salvación.

¿Cómo el Señor entró con su historia de salvación en la historia de la humanidad? Lo hizo a través de personas de carne y hueso como nosotros, es más nosotros somos los que escribimos esta Historia de Salvación. Cuando reconocemos las obras de Dios en nuestra vida, ahí estamos introduciendo en la historia del mundo, la Historia de Salvación de Dios en los hombres.

Esta es la noche central de los creyentes. Comenzamos el rito en la puerta y a oscuras para simbolizar la sensación de miedo y vacío que genera la oscuridad, esa sensación es cambiada por la luz de Cristo que nos dice no te vas a morir, yo vivo y estoy acá para darte vida. El salmo dice “No moriré, sino que viviré y contaré las obras del Señor” (Sal 118,17).  Los que estamos hoy aquí presentes podemos decir que nosotros también hemos sido rescatados por el Señor, nosotros también hemos pasados el mar Rojo, también nos hemos sentido morir en algún momento, pero podemos decir “No moriré, sino que viviré para contar las obras del Señor”. Eso somos los rescatados, los redimidos y somos los que con nuestras historias personales armamos la Historia de Salvación de Dios.  Entonces, la pregunta es ¿usted tiene alguna historia de salvación para contar? Cada uno tiene su testimonio personal de salvación, por eso no morimos, sino que vivimos para contar las maravillas del Señor.

En esta noche celebramos y declaramos que no hemos muerto, que vivimos, no estamos sometidos a la muerte, sino que somos hijos de la luz y de la vida, no estamos manejados por el reino de las tinieblas, somos del Reino de la Luz y de la Vida, vivimos el poder de la vida de Dios.

Por eso, a continuación vamos a renovar las promesas bautismales, que es la que nos hace hijos de la luz y de la vida. Cuando usamos agua bendita en nuestra casa lo que hacemos es recordar que somos bautizados y que pasamos por el mar Rojo, y que el Señor nos liberó y ya nos salvó”.

Homilía de Mons. Cesar Avila – Catedral del Espíritu Santo – Bs. As. (Argentina)

Guía de lectura y oración del 20 al 20 de abril 2014

Domingo 20 de abril                Domingo de Resurrección

Lecturas: Hechos 10:34,37-43; Salmo 117:1-2,16-17,22-23; Colosenses 3:1-4; Juan 20:1-9

Reflexión de la Palabra de Dios:

Pedro estaba reunido en la casa de Cornelio en Cesárea ¿Qué deseaba él que los que estaban allí reunidos tuvieran? Vr 38

¿Qué les pidió Jesús a aquellos testigos elegidos por él? Vr 42-43

Aplicación práctica: ¿Cómo aplicamos este pasaje bíblico a la oración de hoy?

Este pasaje nos presenta a Pedro hablándole a quienes estaban allí reunidos, ellos eran de origen pagano, utiliza con ellos el mismo modo de predicar la persona de Jesús, su muerte y resurrección como con los judíos. Deseaba que comprendan que Dios no hace diferencias entre las personas, acepta a todo aquel que sea bueno, honrado, no hace diferencias de razas, ni color, nos ama a cada uno de nosotros y nos invita a conocerlo realmente.

Les cuenta que el fue constituido Dios, juez de vivos y muertos y que si creemos verdaderamente en él, recibiremos el perdón de nuestras malas acciones (pecados)  en virtud de su nombre.

Esto es aun vigente para nosotros, también somos testigos elegidos por él como tantos otros a lo largo de la historia de la humanidad, pues nos escogió para que atestiguásemos su Palabra a aquellos que están extraviados, enfermos, presos a todo aquello a lo que el mundo nos somete.

Petición: Te rogamos Señor derrames tu Espíritu Santo sobre nuestras vidas, que el nos guíe y provea la sabiduría necesaria para compartir tu Palabra a quienes necesitan ser auxiliados por ti.

Acción de gracias: Gracias Señor por escogernos como testigos de tu Palabra, por brindarnos la oportunidad y el honor de ser heraldos de ella. Gracias pues hoy celebramos la “Pascua de Resurrección” en la que tu cuerpo se ha transformado en un cuerpo glorificado lleno de amor y por el cual hemos logrado ser salvos por tu gracia santificante (continue ud agradeciendo)

 

Lunes 21 de abril                Octava de Pascua
Lecturas: Hechos 2, 14. 22-33  Salmo 15, 1-2. 5. 5-11  Mateos 28, 8-15

¿Quién les habló a la mujeres? ¿Cuándo salieron corriendo, quien le salió al encuentro?¿A dónde se tenían que reunir?  ¿Los que no creían en Jesús, qué le han dicho decir a los soldados?  ¿esa hipótesis sigue difundida en el día de hoy?

Aplicación práctica:  Si nos abstraemos un poco de los detalles de esta lectura, o bien la vemos desde otra perspectiva veremos que ante un mismo hecho tenemos dos actitudes distintas.  La de las mujeres, que se acercaron a Jesús, abrazaron sus pies y le adoraron;  y por otro lado la actitud de los soldados, negando la resurrección de Cristo, vendiéndose por una suma de dinero y actuando según las instrucciones recibidas.  El bien contra el mal;  la luz contra las tinieblas.

¿Qué nos sucede a nosotros? parecería que a veces no creemos lo suficiente, ¿será falta de disposición interior o soberbia ?.  Como no lo entiendo; lo niego.  Y dada mi falta de humildad no me doy cuenta  de lo limitada y pequeña que es mi cabeza.

Ellas sabían que el sepulcro estaba cerrado; pero algo en su interior, su fe y humildad hizo que fueran para allá. No dejaron que nada se cruzara en su camino. Siempre estamos rodeados de dificultades, pero habiendo amor, siempre se sale adelante, con audacia, valor y valentía.¿No serán quizás soldados, como aquellos que no nos dejan acercarnos a ti? ¿Quienes serían en la actualidad esos soldados?  Los ambientes frívolos, las películas que vemos, las cosas que leemos, la gente que nos rodea, ciertos amigos, todas cosas que me envuelven y me arrastran para que no me pueda acercar a ti.

Señor te pido nos des humildad para reconocer que solos no podemos enfrentar lo que nos sucede y que solamente contigo podremos salir adelante.  Te pido que salgas a mi encuentro como lo has hecho con esas mujeres para que pueda abrazarte y adorarte con toda libertad.

Gracias Señor, porque por tu infinita misericordia siempre me extiendes una mano para salir de las tinieblas.

 

Martes 22 de abril              Octava de Pascua

Lecturas:  Hechos 2, 36-41  Salmo 32, 4-5. 18-20. 22  Juan 20, 11-18

¿Por qué lloraba María Magdalena?  ¿Quién pensó ella que era Jesús?  ¿Cómo la llamó Jesús?

Aplicación práctica: Supongo que en el momento en que se desarrolla la historia que narra el Evangelio, en ese lugar debe haber habido un gran desconcierto.  Jesús desapareció.  Unos creen que resucitó, pero son solo unos pocos; otros no saben si creerlo;  otros dicen que lo robaron.  Muchas versiones. En este caso se presenta ante María Magdalena, quien esta sumergida en un profundo dolor, llorando y por tal motivo no se da cuenta de la presencia de Jesús hasta que él la llama por su nombre.  Fue una gran sorpresa para ella. Jesús le trajo paz; le sacó la angustia, solo le pide que vaya a los discípulos y les cuente que ha visto a Jesús.

Cuantas veces quedamos atrapados en angustias, no encontramos las soluciones a nuestros problemas, somos invadidos por enfermedades y como un no saber porque ni de donde se nos aparece alguien, o quizás algún libro, algún regalo, un comentario y curiosamente las cosas se nos van solucionando.  Esto no es obra de la casualidad, esto no es magia, esto es sin lugar a ninguna duda la presencia del Señor.  El nos conoce, a cada uno de nosotros, sabe nuestro nombre, sabe de nuestras necesidades, y se nos presenta de las maneras más curiosas; como también se le había presentado a María Magdalena.

Pidamos con frecuencia al Señor que nos aumente la fe: ante el apostolado cuando los frutos tardan en llegar, ante los defectos propios y ajenos, cuando nos vemos con escasas fuerzas para lo que Él quiere de nosotros.

Gracias Señor por darnos a María como mejor ejemplo de Maestra de fe.

 

Miércoles 23 de abril                  Octava de Pascua

Lecturas: Hechos 3, 1-10; Salmo 104, 1-4. 6-9; Lucas 24, 13-35

¿de que conversaban los discípulos? ¿Quién pensaban ellos que los están acompañando?

¿Cuándo se dieron cuenta que era Jesús? ¿A darse ellos cuenta, que sucede con Jesús?

Aplicación práctica: Los relatos con las apariciones de Jesús continúan.  Seguimos viendo cuan entristecidos y desorientados están los discípulos.  Tenían la esperanza de la liberación Israel, pero muere antes de que eso suceda. Hay mujeres que lo han visto, pero hasta que punto es cierto? Tan ensimismados van con su tristeza y angustia que ni se dan cuenta quien camina junto a ellos y a quién invitan a la mesa a compartir su cena. Podríamos pensar ¿Cómo es que no se dan cuenta?  Ellos mismos han estado directamente con Jesús ¿y no lo reconocen? ¿Y a nosotros que nos sucede? ¿No estamos también muchas veces ciegos no viendo más allá de nuestras narices, por culpa de nuestras preocupaciones, nuestras tareas, el correr durante todo el día? Si, es así.  De la misma manera como el Señor caminaba al lado de ellos, también lo hace con nosotros.  Pidámosle al Señor la ingenuidad de espíritu, una mirada limpia y la cabeza clara para reconocerlo en los acontecimientos de cada día. El Señor siempre esta en nuestro camino, somos nosotros los que no lo vemos, hasta que de golpe empezamos caer y caer, pensamos que estamos solos, pero no, no hace falta muchos gritos para que el Señor nos escuche.  No hacen falta porque el está siempre a nuestro lado; solo hace falta un “Señor te necesito, ven en mi ayuda” y de golpe, en el momento y en el lugar menos esperado, el Señor se nos aparece de la manera más inesperada.

Gracias Señor porque al interpretar tus palabras, ellas hacen que mi vida sea distinta.

 

Jueves 24 de abril                   Octava de Pascua

Lecturas: Hechos 3,11-26  Salmo 8, 2. 5-9  Lucas 24, 35-48

¿Ante quien se presentó Jesús?  ¿Qué les mostró para que ellos le crean? ¿Qué es lo que ellos tenían que comprender?

Aplicación práctica: Esta vez Jesús se presenta en el medio de una reunión de los discípulos.  Aunque ya les habían anticipado que Jesús resucitó, ellos quedaron estupefactos, turbados, asustados y dudosos. Eran muchas cosas que en poco tiempo les fueron sucediendo.  Si, era el Señor que se hizo presente y para demostrarles que era, el principio le muestra las heridas en las manos y pies.  Luego come algo con ellos y les abre el entendimiento para que comprendan las Escrituras.

Era muy, pero muy importante que los apóstoles entendieran y creyeran de manera contundente que era Cristo que había resucitado.  ¿Por qué? Porque ellos serán los que después tienen esa importantísima misión de transmitir al mundo que “Cristo resucitó después de la muerte”.  Ellos los vieron, ellos lo vivieron, a ellos nadie se lo contó, son los únicos testigos.  Gran misión que tienen que cumplir, tienen que salir a predicar en el nombre del Señor, que las personas se conviertan, que reconozcan que han pecado y que pidan perdón por ello.  Nada sencillo, había que transformar la mentalidad de las personas.  Las personas pobres, oprimidas, con nada que perder quizás más sencillo, pero que sucedía con personas con poder con súbditos que cumplían órdenes y que se oponían rotundamente a este cambio.  Ahí se complicaban mucho las cosas, de manera que en muchos casos ellos han dejado su vida por llevarla Palabrade Dios sin dejarse doblegar.

Los apóstoles han visto a Jesús y nosotros tenemos el legado de ellos.  Como católicos tenemos que andar por la vida como los apóstoles, llevando la luz de Cristo, llevandola Palabradel Señor, dar testimonio de las cosas que nos suceden, con naturalidad, con una vida interior totalmente enriquecida por el Señor.

Señor, te pido que me des la fortaleza y pongas en mi boca tus palabras para enfrentar aquellos casos donde tengo delante de mi personas las cuales no creen en ti y me apabullan con palabras de falta de creencia.

Gracias Señor.  Nuestro día está lleno de pequeñas cosas por las cuales tenemos que dar gracias. Solo tenemos que tener los ojos bien abiertos con un corazón agradecido.

 

Viernes 25 de abril                  Octava de Pascua

Lecturas: Hechos 4, 1-12  Salmo 117, 1-2. 4. 22-27  Juan 21, 1-14

¿A dónde y quien se le apareció Jesús?  ¿Cuántas veces salen al mar y como fue la pesca? ¿Quién es el primero que sube a la barca la segunda vez que salen al mar?

Aplicación práctica:

Era de noche, ya casi amaneciendo y no habían sacado nada. Muy cansados, agotados por el esfuerzo que habían hecho y seguramente preocupados porque no habían podido pescar nada, o sea que no han podido llevar el alimento a sus casas, regresan a la costa.  Allí se encuentran con alguien que los estaba esperando y les dice que vuelvan al mar a tirar las redes. Era Jesús.  Pedro, en un primer momento no reconoce que es Jesús, agotado como estaba, toma su barca, va mar adentro, tira las redes y ¡Oh sorpresa! Ahora si se llenan de peces.   Pedro exclama que quien esta en la costa es Jesús, inmediatamente los de la otra barca salen mar adentro y también llenan sus redes de peces.

¿Qué es lo que pasó?  Pedro fue obediente, no interesaba que no habían sacado nada en un primer momento, que el mar parecía estar vacío de peces, que estaba cansado, agotado, preocupado.

Pero hay un detalle muy importante en todo esto que quizás se nos está pasando de largo.  Ellos dejan de hacer las tareas que Jesús le había encomendado.

¿Tenemos en cuenta las veces que nos pasa a nosotros, que dejamos que nuestra relación con el Señor se entibie  y que no le dedicamos el tiempo que le estábamos dedicando  o que tendríamos que dedicarle?

Los pescadores no pescaron y a nosotros las cosas nos empiezan a ir mal, problemas en la familia, con el esposo, con los hijos, los padres, en el trabajo, con las amistades, se nos acercan personas no convenientes, caemos en la mediocridad, nos enganchamos con programas mundanos, películas desagradables, noticias morbosas, etc. etc.

¿Qué pasó?  No le echemos la culpa a nada; es muy simple, es nuestra relación con el Señor que se entibió.  Nos soltamos de la mano del Señor. No nos dejemos caer en la tibieza, porque aunque creamos que estamos bien todo se va derrumbando.  Pidámosle con humildad al Señor que nos ayude a salir de esos falsos bienestares.  El con su gran misericordia y su gran amor, siempre nos va extender su mano.

Gracias porque sé que si me fío en ti, si obedezco, si busco únicamente tu gloria, si me esfuerzo por amarte con fortaleza y con piedad, Tú llenaras de frutos mi vida.

 

Sábado 26 de abril                        Octava de Pascua

Lecturas: Hecho 4, 13-21   Salmo 117, 1. 14-16. 18-21; Marcos 16, 9-15

Aplicación práctica: Jesús resucitado fue apareciendo en distintas ocasiones para confirmar que había resucitado. Sus discípulos, muchos con temores y quizás desorientados.  El les reprocha su incredulidad y los nada al mundo entero a predicar el Evangelio. Una vez convencidos los apóstoles hacen lo que Jesús les manda.  Tarea nada sencilla, ellos saben que lo tienen que afrontar con mucha valentía porque van a sufrir todo tipo de persecuciones, azotes, calumnias y van a dejar la vida por el Señor. Todos tenemos la tarea de transmitir el Evangelio, de llevar la nueva noticia

Bien, los apóstoles fueron fieles al pedido del Señor.  Ahora estamos nosotros. ¿Qué hacemos para transmitir el Evangelio? ¿De que manera podemos transmitir el Evangelio?  Todos podemos transmitir el Evangelio. No tenemos ninguna posibilidad de excusas. No es cuestión de saberse la Biblia de memoria, o de estudiarse tratados apostólicos, o grandes estudios.  Tampoco tiene que ver con la edad que se pueda tener, como diciendo esta persona hace mucho que va a la Iglesia, que el muy leída.  Es mucho más sencillo. En nuestra intimidad hacer Oración, ponernos en las manos del Señor.  Y en nuestra vida diaria tener una conducta de vida honrada, honorable, cumpliendo con los deberes que se nos ha encomendado, tener un vocabulario apropiado.  Ser mejores cada día, comprensivos, exigentes con uno mismo, solidarios, etc. Tenemos que ser ejemplo.  Nuestras conversaciones con los demás deberían dejar algún mensaje, algo que los deje pensando.  Quizás un “viste como habló tal persona” y cuando se quieran dar cuenta comenzarán a buscar al Señor.

Todo es empezar, dar los primeros pasos, porque después el Señor es el que nos va dando las palabras y si nos pudiéramos escuchar estaríamos sorprendidos. Pidamos con frecuencia al Señor que nos aumente la fe: ante el apostolado cuando los frutos tardan en llegar, ante los defectos propios y ajenos, cuando nos vemos con escasas fuerzas para lo que Él quiere de nosotros. Y nos dirigimos a María, Maestra de fe: ¡Bienaventurada tú, que has creído!, porque se cumplirán las cosas que se te han anunciado de parte del Señor (Lucas 1, 45) Dios nos ha elegido: nos ha dado a conocer y gustar su amor. ¿Qué consecuencias tiene en nuestra vida esta mirada de predilección que Dios ha tenido? ¿No tendríamos que vivir en continua alabanza y acción de gracias? Tomemos las palabras o y bendigamos a Dios por todos los bienes con que nos ha colmado.

 

Viernes Santo

18 de abril de 2014

Lecturas: Isaías 52, 13; 53, 12 / Salmo 30, 2.6.12-13.15-17.25 / Hebreos 4:14-16, 5:7-9  / Pasión de Cristo según San Juan 18, 1-40; 19, 1-42

Vía Crucis viviente realizado en la Catedral del Espíritu Santo

“Primero que todo quiero felicitar a todos los chicos que participaron del Vía Crucis viviente, todos nosotros estamos para seguir ese camino de Cristo hacia la cruz, pero no de una forma ritualista, sino intentar que ese seguimiento sea vivencial.

Hay un punto fundamental en la Pasión que se acaba de proclamar, cuando Jesús está ante Poncio Pilato y le dice que no tendría ningún poder si no se le hubiese dado del cielo, Pilato hace una pregunta clave: ¿Qué es la verdad? Eso resume lo que piensa el ser humano hoy, porque se relativiza lo que es verdadero y lo que es falso.  Es muy común hoy en día cuando alguien dice eso está mal la respuesta de mucha gente sea ¿quién dispone que algo está bien o mal?

Cuando Jesús va a la cruz en ese momento se relativiza todo porque en primer lugar Cristo no merecía ir a la cruz, porque es completamente inocente. Cuando el sufrimiento de cualquier ser humano se relativiza, cuando por ejemplo pensamos que a alguien le pasa tal o cual cosa porque se lo merecía o pensamos algo habrá hecho para merecer eso. Cuando una persona padece una situación de injusticia y alguien por justificarlo lo relativiza, se está aplicando el juicio de este mundo.

La pregunta es ¿El juicio de este mundo es justo? Cuando este mundo enjuicia lo hace de acuerdo a sus valores. Uno de esos valores es el poder. ¿Qué hizo Pilato para cuidar su poder? Se lavó las manos, y decidió de acuerdo a lo que le convenía al poder religioso de la época, y al poder del Imperio.

El juicio de este mundo no salva a nadie.

En cambio el juicio de Dios salva a los hombres. Todo ser humano ha pecado y todos de alguna manera directa o indirecta participamos en la destrucción de Jesús en la cruz. Por eso es tan importante que todos los años en Viernes Santo los chicos preparen el vía crucis y participen activamente de él. Todos los seres humanos somos algún actor de la pasión, los que no nos lavamos las manos, lo negamos, o lo miramos de afuera. Todos somos actores si o si, nadie queda afuera de la crucifixión del Señor.

Pero el juicio del Señor es que Cristo en la cruz ridiculizó los poderes de este mundo. Jesús en la cruz dejó en evidencia que todo ser humano es injusto y que la única justicia viene de parte de Dios.

Nosotros venimos a la Iglesia a decirle a Dios que nosotros solos no funcionamos, que lo necesitamos. Eso es lo que se llama ser justificados por la cruz de Cristo. Cuando reconocemos que solamente con la justicia de Dios podemos ser perdonados, porque el ser humano vive esclavo de su pecado, la cruz nos libera.

Venir un Viernes Santo a la presencia de Dios significa venir a buscar esa liberación, Dios nos tiene que liberar del mal que nosotros mismos nos hacemos. Es necesario acercarse a la tumba de Cristo (representado en un monumento al costado del altar  y el Santísimo Sacramento dentro de un copón)  simbólicamente allí está representada la tumba de Cristo.

En este Viernes Santo hasta el Sábado de Gloria por la noche la Iglesia se encuentra en meditación, para darnos cuenta de que gracias a esa tumba del Señor nosotros también podemos resucitar, porque la biblia dice “el que muere con Él, resucitará con Él”. Es muy común que las personas nos autojustifiquemos, eso significa que todavía estamos condenados, en cambio, cuando solamente buscamos la justicia de Dios en nuestra vida y reconocemos que solos no podemos,  que necesitamos de Él para liberarnos de nuestros pecados, entonces la persona se salva. Esto es en pocas palabras lo que se llama la doctrina de la justificación.

Agradecidos a Dios porque nos ha justificado, venimos a clamar que la cruz de Cristo obre sobre toda la humanidad. Por eso vamos a orar juntos para pedir a Dios que libere a toda la humanidad de todas las cadenas que la atan, también vamos a pedir por las personas que tienen un lugar de poder, primero toda la dirigencia de la Iglesia (Arzobispos, Obispos, el Papa y todas las personas que tienen autoridad en la Iglesia), también vamos a orar por los dirigentes políticos (Presidente, gobernadores, etc.) a quienes Dios los va a juzgar de acuerdo a lo que hagan y tendrán que dar cuenta delante de Dios de los hicieron y lo que dejaron de hacer.  También vamos a pedir a Dios por la conversión de todas aquellas personas que todavía están lejos de Dios y por lo tanto no lo reconocen en la cruz.”

 

Homilía de Mons. Cesar Ávila – Catedral del Espíritu Santo – Buenos Aires (Argentina)

Clases de Catequesis de Comunión y Confirmación

Catedral del Espíritu Santo

Para todos los niños a partir de los 8 años

Horario: todos los sábados de 16 a 17 hs.

Dirección: Joaquín V. González 736, Villa Adelina, Buenos Aires, Argentina

Jueves Santo

17 de abril de 2014

Lecturas:  Ex 12,1-8,11-14 / Sal 115,12-13,15-18 /  1Cor 11,23-26  / Jn 13 1-15

Hoy comenzamos a celebrar el Triduo Pascual, son los momentos previos a la Pascua, son tres días que cada uno tiene momentos especiales. Este triduo está compuesto por el Jueves Santo, Viernes Santo y el Sábado de Gloria, el sábado a la noche celebramos ya la Pascua del Señor. La misa del domingo es la misma que la de la noche del sábado. Esto un proceso espiritual que tenemos los seres humanos.

Todos los creyentes tenemos nuestra pascua delante de Dios, en el momento en que pasamos de este mundo a la presencia de Dios. La pascua es el proceso mediante el cual Dios nos libera y nos da la verdadera vida.

El Jueves Santo es la misa de la intimidad, porque  es la noche en la cual Jesús, previo a la cruz, se reúne con sus apóstoles. Esta no es una noche más, porque es el momento en el cual es Señor está ordenando la vida de ellos de ahí en adelante. Es el momento en que ellos tienen que terminar de comprender que significa ser discípulo de Jesús.

Jesús toma un lavatorio y va pasando uno a uno lavando los pies de los discípulos.  ¿Qué significa este gesto de Jesús? Significa que en ese momento Jesús está habilitando a sus discípulos para acercarse a Dios.  Pedro le dijo a Jesús a mí no me lavarás, y Jesús le respondió: si no te lavo no compartirás mi suerte. Ese es el punto clave de esta noche: ¿Usted quiere compartir la suerte del Señor? Pero ¿qué significa compartir la suerte del Señor? Si a mí me invitan a compartir la suerte de alguien que se ganó la lotería eso es muy bueno, pero Jesús dice que para compartir su suerte y llegar al Padre primero hay que pasar por la cruz. Formar parte de esto no es cualquier cosa y eso es lo que la Iglesia debe reflexionar esta noche. Gracias a Dios en esta fecha hay mucha gente que puede hacer viajes, pero que pena que justo tenga que ser en la fecha de la intimidad con Dios, donde uno tiene que reflexionar sobre aquello en lo que cree, porque esta noche es el momento de la comunión. Esta noche celebramos la institución de la Eucaristía, en el momento en que Jesús toma el pan, lo bendice y lo reparte.

Es importante que esta noche reflexionemos cómo funciona la Eucaristía, y eso lo vemos en el lavado de pies porque es el momento en el cual Jesús les dice a los apóstoles, si ustedes quieren ser mis discípulos primero tienen que dejar que yo los lave. ¿Hemos dejado que Jesús nos lave? Esta es una pregunta muy íntima de cada uno. Si bien Jesús ya nos lavó en el bautismo, Jesús con este lavado de pies se refiere a que tiene que tener acceso a nosotros en lo cotidiano, en lo que nos podemos ensuciar diariamente. Jesús nos dice dejá que yo lave tu vida del contacto diario con todo lo que  te puede ensuciar en este mundo. Este mundo me llena la cabeza de un montón de cosas malas, y es necesario que Jesús las limpie. Por eso Jesús nos dice: ¡Dejá que yo te limpie! Si vos no permitís que yo te  lave, yo no puedo hacer que vos entres conmigo a la vida verdadera. “Si yo no te lavo, no compartirás mi suerte”

Esta es la noche en la cual cada uno le tiene que decir a Dios “quiero que me laves”.

Pero hay algo más, Jesús dice Él que viene conmigo comparte mi suerte, esa suerte es la que le espera esta misma noche, cuando viene Judas con los soldados y lo apresan para matarlo.

Lo importante de esta noche es decirle a Dios “Yo me comprometo con vos aun sabiendo que lo que se viene puede ser complicado”.  Si queremos tener parte con Jesús debemos comprometernos sabiendo que nosotros también vamos a pasar nuestro viernes santo.

Esta noche es una celebración de compromiso, donde le decimos al Señor que queremos compartir su suerte. Si Él no es mi suerte, no le puedo reclamar a Él ninguna bendición.

Esta noche hacemos el rito del lavado de pies, donde el ministro a cargo de la Asamblea le lava los pies a un fiel, y ese fiel le lava los pies a otro, con este gesto simbólicamente todos nos lavamos los pies, esto quiere decir que mutuamente nos vamos a ayudar a lavarnos de las suciedades que nos pueden afectar diariamente.

Luego de este rito vamos a renovar los compromisos bautismales y el compromiso de obediencia de los ministros aquí presentes. Los sacerdotes y diáconos renuevan su compromiso de obediencia a Dios a través de su autoridad que es el Obispo.

Nos quedamos con esta pregunta ¿Nos comprometemos o no con la suerte del Señor? En base a eso podemos esperar las bendiciones del Señor.

Fuente: Homilía Mons. Cesar Avila – Catedral del Espíritu Santo, Bs. As.

 

 

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